El fascismo de los tiempos finales: el rostro apocalíptico del capital monopolista
End Times Fascism: And the Fight for the Living World (El fascismo de los tiempos finales: y la lucha por el mundo viviente), de Naomi Klein y Astra Taylor, llega como una penetrante acusación contra una clase dominante que ha abandonado toda pretensión de gestionar las contradicciones del sistema capitalista. El libro identifica una convergencia de tres fuerzas —fundamentalistas religiosos mesiánicos, tecnobarones de Silicon Valley y empresarios políticos etnonacionalistas— unidas no por un programa coherente, sino por la convicción compartida de que el mundo tal como lo conocemos está acabando, y de que solo ellos merecen sobrevivir a los escombros. Esto no es una desviación del capitalismo, sino su culminación lógica en una era de crisis terminal.
El fascismo como capitalismo con los dientes al descubierto
Los autores son cuidadosos al definir sus términos, retomando la formulación del historiador Robert Paxton sobre el fascismo como un comportamiento político marcado por la preocupación obsesiva por la decadencia de la comunidad y la victimización, perseguido mediante violencia redentora sin restricciones éticas ni legales. Su propia contribución es situar este fenómeno dentro de las condiciones específicas del presente: "El fascismo", escriben, "es el capitalismo con los dientes al descubierto". La frase va al corazón del asunto. Cuando los mecanismos normales de acumulación —supresión salarial, extracción de recursos, expansión de mercados— chocan con los límites planetarios y la resistencia popular, la burguesía se despoja de su barniz democrático. Lo que queda es la coerción desnuda que siempre ha sustentado el sistema, ahora elevada a doctrina de gobierno explícita.
Klein y Taylor rastrean esta dinámica en tres ámbitos interconectados. La derecha mesiánica, en particular los sionistas cristianos y sus aliados en el Estado israelí, celebra las catástrofes ecológicas y políticas como señal de la voluntad divina, tratando la destrucción de Gaza como un "reinicio genocida" que allana el camino para una "Nueva Gaza" de fantasías de promotores inmobiliarios. Los tecnobarones de Silicon Valley, que han abandonado toda pretensión de capitalismo verde, construyen centros de datos alimentados por combustibles fósiles para la inteligencia artificial mientras sueñan con escapar a enclaves fortificados o colonias marcianas. Y los empresarios políticos de la nueva derecha transforman las visiones de catástrofe en capital electoral prometiendo convertir las naciones en Estados guarnición bunkerizados, librando una guerra contra los migrantes mientras libran una guerra más silenciosa contra la clase trabajadora.
La base material de la política apocalíptica
Lo que distingue este análisis del lamento liberal sobre las personalidades autoritarias es su insistencia en las raíces materiales del giro apocalíptico. La mentalidad de los "tiempos finales" no es meramente una ilusión religiosa o una patología psicológica; es una respuesta racional —racional desde el punto de vista del capital— a un sistema que ya no puede cumplir sus promesas. Klein y Taylor documentan cómo la desigualdad financiera se dispara mientras la vivienda se vuelve inasequible y el costo de la vida se dispara, mientras las ecologías se desmoronan bajo el peso de la acumulación sin fin. La clase dominante enfrenta estos límites no conteniéndose a sí misma, sino acelerando hacia el abismo, convencida de que su riqueza y su tecnología le permitirán sobrevivir a lo que le espera al resto de nosotros.
Esta es la esencia de lo que los autores llaman "supervivencialismo supremacista". Es una doctrina que transforma la guerra de clases desde arriba en una guerra de todos contra todos, en la que los pobres, los racializados y los desplazados son arrojados como obstáculos que deben eliminarse en lugar de como seres humanos con derecho a los recursos del planeta. Los etnonacionalistas vilipendian a las personas que huyen de las guerras y del colapso ambiental, "desplazando la conciencia muy real de que nos acercamos a los límites planetarios hacia los vulnerables del mundo". Los tecnomillonarios predican que solo la inteligencia artificial puede salvar a la humanidad mientras sus centros de datos abrasan la tierra. Cada facción persigue su propio interés estrecho, pero todas convergen en un programa común: la destrucción de toda capacidad colectiva de resistencia.
El fracaso del reformismo y la necesidad de la lucha
Klein y Taylor tienen cuidado de evitar la desesperación. Documentan focos de resistencia —activistas que se oponen a los centros de datos en Memphis, una huelga general contra el ICE de 100.000 personas en Minneapolis— y proponen medidas concretas como la regulación estricta de la tecnología y la redistribución de la riqueza que genera. Señalan que los impuestos de la era de la Segunda Guerra Mundial financiaron la investigación pública que produjo los transistores, los microchips y los fundamentos de internet, rebatiendo el argumento de que impuestos más altos al capital desalentarían la innovación.
Sin embargo, la lógica de su propio análisis apunta más allá de los horizontes del reformismo. Si el fascismo es efectivamente "el capitalismo con los dientes al descubierto", entonces la tarea no es meramente limar los dientes, sino eliminar a la bestia que los hace crecer. Los autores llaman a romper el "bucle de condenación" y a encontrar una nueva forma de vivir juntos, enraizada en nuestra existencia en esta tierra. Es una aspiración digna, pero no puede lograrse solo mediante la regulación, por necesarias que sean esas medidas en el plazo inmediato. Las fuerzas que Klein y Taylor describen —el capital financiero, los monopolios tecnológicos, el complejo militar-industrial, el Estado colonial de asentamiento— no son susceptibles de ser domesticadas por las mismas instituciones que han capturado. Deben ser confrontadas, desmanteladas y reemplazadas por estructuras de poder popular capaces de planificar para las necesidades humanas en lugar de para el beneficio.
Un programa para el mundo viviente
End Times Fascism no es un libro pesimista. Su título se refiere a una ideología, no a una profecía. Los autores insisten en que los nuevos supervivencialistas supremacistas están "lejos de ser invulnerables" precisamente porque no tienen visión de un futuro compartido. Todo lo que ofrecen son "remezclas de un pasado ido: los placeres nihilistas y sádicos de la dominación". Frente a esto, el libro apunta hacia un horizonte diferente: un mundo organizado en torno al cuidado, la solidaridad y la reparación ecológica. Ese mundo no será concedido por quienes se benefician del actual. Debe conquistarse mediante la lucha —organizada, disciplinada y arraigada en los intereses materiales de la clase trabajadora y los oprimidos. La lucha por el mundo viviente no es una metáfora. Es la tarea política central de nuestro tiempo.
Tweet: End Times Fascism muestra el fascismo como capital monopolista con dientes al descubierto: mesiánicos, tecnobarones y etnonacionalistas lucran con el colapso. Solo la lucha de clases organizada puede ganar el mundo viviente.
Etiquetas: End Times Fascism, Naomi Klein, Astra Taylor, fascismo, capital monopolista, capitalismo, marxista-leninista, lucha de clases, crisis ecológica, imperialismo, autoritarismo, reseña de libro, socialismo, antifascismo, economía política