Sabes cuál mi conclusión? La mayoría de las veces, debería agachar el moño y hacer lo que se espera de mí aunque yo no quiera hacerlo. Se siente charcha en el momento, pero más de la mitad de las veces tiene resultados positivos. En los otros casos, igual resulta que me dolería más la decepción del resto que tener que hacer lo que no quiero hacer.
Por ejemplo: yo anduve acá quejándome de que mi señora quería viajar para el fin de semana largo. Como yo no quería, le busqué la vuelta, pero terminé aceptando que negarme al viaje iba a ser para peor. Después resultó que Iloca era súper bonito y se pasó bien. La mayoría de las veces es así.